Deportes|Viernes, 29 de Junio de 2007


Deportes|Viernes, 29 de Junio de 2007
El amor y la guerra


Por Juan Sasturain
DESDE LA CASA

Del fútbol, se sabe que es juego y competencia a la vez; se juega “con la pelota” y “contra un rival”. Los tratos con ella y él son diferentes. A la pelota se la debe tratar con cuidado y respeto, delicadeza y precisión. Al rival se lo debe doblegar, vencer, abatir. Esa es la combinación de aptitud (para hacerle hacer a ella, la pelota, lo que uno quiere) y actitud (para demostrarle al rival, en los hechos, que uno es mejor). Así es cómo se gana jugando bien. Porque también se gana jugando mal, se pierde jugando mal y se pierde jugando bien. Es que todo puede pasar y todo pasa (y no es una cita de Grondona o Machado). Anoche Argentina ganó bien jugando de jugar bien aunque lo hizo regular.

El error, durante una hora larga, fue tratar al rival como a la pelota: la religión (convertida para la ocasión en herejía) del cuidado de la pelota hizo olvidar la agresividad, el cambio de ritmo, la busca del desequilibrio en el mano a mano. Los medios se convirtieron, durante muchos minutos, en fines. Y así, es difícil desnivelar. Por eso le costó más de la cuenta, aunque tuvo la pelota todo el tiempo.

Claro que finalmente los goles llegaron, siempre se respetó el estilo, se tuvo paciencia (esta Selección la tiene y la requiere también de quienes la queremos desde ya) y se llegó a un triunfo holgado. Lo que habrá que ver es cómo combinar mejor las proporciones de delicadeza y agresividad: porque esto del fútbol es como hacer el amor, compañeritos. La franela está bien, tiene que ver con el buen gusto, el manejo de los tiempos, la puesta a punto. Pero hay que ponerla. Y en ese momento, el amor verdadero y convincente tiene ese componente agresivo, de imposición, de quiebre que posibilita la ruptura de la tensión creada a puro toque, y el desahogo. Para hacer bien el amor, la guerra debe estallar en el momento justo. Y esa guerra (al rival) hay que ganarla, para que triunfe al amor (a la pelota).

Quiero decir: me gusta un equipo así, me gusta cómo piensa Basile, cómo se aplican los jugadores, cómo se esmeran en jugar. Así debe ser y está muy bien. Hay jugadores aptos y dispuestos. Es un gusto verlos. Ya hicieron los deberes: sabemos que saben tratar la pelota. Ahora, respetuosamente, jugando al fútbol, vayan y pásenlos por arriba.

no todo lo que se ve

Ricardo Bartís, Cancha con niebla, Atuel, 2006

no todo lo que se ve


por Santiago Meilán

La actividad del director teatral, el oficio, el trampolín desde el cual los actores pegan su salto hacia la libertad, es decir, la pregunta por el director –postergada hasta no hace mucho.

Esta nueva edición del volumen de herramientas para comprender el universo del creador de Postales Argentinas y Hamlet o la guerra de los teatros seguramente viene a mitigar ese desliz que borró durante tanto tiempo de la escena al director teatral; un gesto pródigo o bien un compendio de la exuberancia que caracteriza a la razón cuando la praxis requiere de la acción instantánea; desligada de improvisaciones, ese es el teatro de Ricardo Bartís.
Registrar la acción efímera, quizá sea la función directriz de los pertrechos que componen Cancha con niebla. Libro de fragmentos, reescrituras apeladas a la memoria donde el texto fundamental se ha perdido. Como la reconstrcción del texto preescénico de Postales Argentina, donde hay toda una cadena de diálogos que señalan mejor el lugar de la construcción del drama, mejor que la conservación facilona del guión; “el guión se ha perdido” es la ilusión que Bartís retoma, apartándose de los presupuestos del teatro convencional y hace surgir de la nada todo un material poco problematizado hasta el presente. Ese guión fraguado resurge en grabaciones de ensayos, o bien en trabajo de archivo sobre la recepción que el público –con mayúscula, esa máquina de asignar identificaciones– devuelve acerca del fenómeno de la observación.
Suele hablarse del texto literario como guión, pero habría que ver lo que es guión para Ricardo Bartís. Seguramente, y cuando mucho, algunas marcaciones necesarias para ubicar al/un autor. “Desde que se creó la imprenta el teatro se vuelve algo legal”, la disolución del yo que queda en la impronta del hecho teatral se sustantiva y se vuelve un uso corriente del cuerpo del actor.
Son todas palabras de este gran creador escénico, del “dramaturgo” si el término resiste la puesta en lenguaje de la evanescencia que otrora fuera el lugar del redactor de dramas. Creador, ideólogo, ponedor de escenas, se percibe una fuga respecto de las definiciones y en el camino está Bartís: lo encontramos al costado, cediendo el paso con un cartel que dice “performance volátil” –“teatro del devenir” sería lo más “pancarta” que Bartís se permitiría. Bartís, sin duda, también omitiría definiciones sobre lo que es la vida, sólo por evitar un desgarrón dictatorial sobre escena. Está en la esencia misma del hecho teatral que algo se pierda para siempre; esa comunidad de seres humanos haciendo cosas “tontas” va con el sentido profundo de la vida, por eso el teatro de Bartís resiste las definiciones. También para evitar el fin didáctico, se supone que aquello que es “con” el actor se resuma con la simple palabra acción, por ello se ve aun hoy escribir a Bartís, quien sabe si como deuda a su entrañable Lamborghini quien hacía uso de esta fórmula– Bartís, en sus textos dice: “acción de escribir”, por ejemplo, “acción que no le hable de esos temas”, como queriendo explicitar que allí hay teatro; parecen desaparecer las didascalias. Si el actor es ese ser dispuesto a representar todo lo que el director pudiera llevar al lenguaje, Bartís conmueve a sus actores a moverse en contra del rol, no es un anti-rol ni un rol hacia atrás, sino todo lo que no prohíba que el actor descubra la potencia poética que un texto pueda otorgar.
Hay el Bartís que dice que versionar es una tarea de más de uno, el Bartís que no cree en las versiones de actor, porque allí no hay historia, y todo desaparece al más mínimo instante de creación solitaria; hay otro, anterior, coherente, dispuesto a desmentir lo que soporte ser registrado, porque nada es lo que llega a igualar el verdadero sentido del hecho teatral. Puede que un poco más artaudiano, pero entonces ¿hay varios Bartís? Los fragmentos recopilados parecen mostrar esa autoconciencia deletérea que sólo el actor posee, y afirman: “con” actores un texto que.

Carlos Abraham, Estudios sobre literatura fantástica, Quadrata, 2006

por Santiago Meilán


Con motivo de su nuevo trabajo filológico, esta vez Carlos Abraham incursiona en el género fantástico, en la ciudad de La Plata llevé a cabo una charla con el autor donde nos cuenta entre otras cosas la perspectiva de la crítica en el legado de Jorge Luis Borges.


P.–En la oposición que hacés en tu libro entre la dicotomía progreso/decadencia y novela de aprendizaje/gothic, uno de los términos de cada dicotomía permanece negativo y el otro, por el contrario, es súper valorado.
Carlos Abraham–En mi libro clasifico el fantástico, como género de la literatura de lo insólito, esta última se divide en cuatro categorías: ciencia ficción, literatura de lo extraño, fantástico y maravilloso. Para comprender el fantástico, y el gothic como parte del fantástico, hay que comprender en primer lugar el origen del maravilloso, que es el género en el cual los elementos sobrenaturales no están problematizados, es decir, son aceptados por los protagonistas como algo natural, algo constitutivo de su mundo. Por ejemplo los cuentos de hadas, pero hay tras grandes ramas en la Edad Media, cada una puede adscribirse en buena medida a los distintos estamentos de la sociedad feudal. Tenemos para el sector del campesinado los cuentos de hadas, donde aparecen gnomos, duendes, espectros, brujas, aquelarres, hadas, gigantes. Después hay el maravilloso aristocrático, son principalmente las novelas de caballería, donde hay algunas tan antiguas como las del ciclo artúrico y las del ciclo de Rolando. El libro de caballería tuvo muchas vertientes, tuvo la vertiente realista renacentista como la de Tirant lo Blanc, autor catalán, y luego las historias donde los caballeros luchan contra magos, hechiceros, o se alían a estos como en el caso de Arturo y Merlín, o luchan también contra encantadores o gigantes. Luego tenemos el maravilloso religioso. Todo desde una perspectiva laica, desde una perspectiva más religiosa, todas esas historias se ven como parte de la realidad; para una persona que cree en ángeles o en milagros, eso forma parte de la realidad. En cambio desde una perspectiva laica, los relatos de San Francisco de Asís, por ejemplo, hablando con animales, puede ser considerado como parte de una faceta del maravilloso, que es el maravilloso-religioso.
P.–¿Y cómo se llega del maravilloso al fantástico y al gothic?
C. A.–Ya en el renacimiento, pero luego, más que nada cuando empiezan a prevalecer posiciones racionalistas, ya en el siglo XVIII, y los elementos sobrenaturales comienzan a ser cuestionados en el seno mismo del relato, por ejemplo, un protagonista ve hadas pero qué ocurre, eso pasa a ser racionalizado mediante una ambigüedad, la ambigüedad es el mecanismo en la estructura del texto que permite que eso narrado sea creíble, y en qué consiste esta ambigüedad, en que el lector, y también el propio personaje, no puedan determinar si lo narrado pertenece efectivamente al orden sobrenatural o al orden natural; ¿y cómo al orden natural?, en el sentido en que los sonidos que oyó un protagonista, sonidos misteriosos o de fantasmas, resulten del viento o hayan sido un sueño, es decir que los sonidos que oyó hayan sido parte de un sueño, o hayan sido un caso de locura, por ejemplo. Y también otro mecanismo aliado a la ambigüedad es la vaguedad, donde lo fantástico es más bien algo poco descrito, más bien insinuado, que vuelve imposible lo sobrenatural en sí. Estas tres vertientes del maravilloso medieval, en el renacimiento y más aún en el siglo XVIII se transforman en fantástico, en función de esta representación problematizadora del elemento sobrenatural. Tenemos que el maravilloso, se transforma en el fantástico popular. Un ejemplo es La posada de mal hospedaje de Lope de Vega, donde el protagonista tiene visiones nocturnas, lo acosan los duendes y luego, al amanecer, encuentra todo en orden; el relato plantea un caso de onirismo, es decir, se plantea la ambigüedad de si se trató de un sueño o de si, realmente, le sucedieron esas cosas.
P.–¿Qué sucede con las novelas de caballería?
C. A.–A partir de 1605 o 1615, que es cuando aparecieron las primera y segunda parte del Quijote, estas obras pierden popularidad, dejan de imprimirse, siguen escribiéndose obras que tienen a nobles como protagonistas, y sí a veces con argumentos un tanto sobrenaturales. En 1750, Horace Walpole escribe El castillo de Otranto, que es considerada la primer novela gótica: El se plantea el objetivo de combinar los hechos de la antigua novela maravillosa, la antigua novela que tenía a héroes y nobles como protagonistas, con “una presentación contemporánea”, al menos eso dice en el prólogo de la segunda edición. Si el maravilloso aristocrático presenta al noble triunfante, siempre fuera de sus tierras, o sea, corriendo aventuras en otros lados, es decir, al noble como conquistador –y eso corresponde a una etapa de esplendor de la nobleza–; ya durante el siglo XVIII, que corresponde a una etapa de crisis de la nobleza y su peso social y de su reemplazo como entidad dominante por la burguesía, la novela gótica presenta a los protagonistas aristocráticos como sobrevivientes de viejas glorias, sobrevivientes con antepasados aristocráticos, que viven recluidos en sus castillos –lo cual es una clave de que ya el noble no es conquistador, sino que es una entidad que vive recluido en sus tierras. El gótico siempre representa decadencia, y dentro de los espacios cerrados y oscuros donde suceden las tramas prevalece la entropía, en el castillo prevalece el desgaste del encierro, y surge el tema del horror, el tema del fantasma, que es la aparición del pasado, como así también los temas diabólicos, las taras hereditarias procedentes de la pretensión de dominio de la estirpe, esto se ve en Macbeth, donde la visión que le presentan las brujas consiste en que su descendencia será de reyes hasta el centésimo hijo, es decir, que tendrá una estirpe próspera; en cambio en la novela gótica tenemos lo contrario, la estirpe noble está en decandencia y esa decadencia es propicia para, digamos, como toda decadencia, vinculada con la muerte, brindar el ámbito ideal para la presentación de entidades macabras.
P.–¿Qué sucede con la recepción de esas obras?
C. A.–La novela gótica es un género que narrativiza una clase social; toda la novela gótica temprana tiene protagonistas nobles, que viven en castillos, de hecho el castillo es un elemento básico del gótico. Hay que hacer unos cuantos distingos; en primer lugar el gótica fue muy popular, en el contexto particular de Inglaterra del siglo XVIII y hasta 1850 se escribieron un total de 2000 novelas góticas, muchas de ellas, como los grandes clásicos del gótico, que se publicaban en libros que tenían tres volúmenes –la primer edición de Frankenstein tenía tres tomos, pero también en la época había literatura gótica de consumo para clases muy bajas, posiblemente antecedentes de los penny dreadfuls como así también de los llamados Cuadernillos Macabros, que eran leídos por carreteros; hay que tener en cuenta que ya hacia finales del siglo XVIII había una gran alfabetización de la sociedad inglesa, y que por otro lado, no era necesario saber leer para disfrutar de la novela gótica, debido a algo muy común en la época, y está documentado, a que en las fábricas o en los pubs londinenses, si había una persona que sabía leer y otras que no, el letrado leía a los otros folletines como los de Dickens, esa literatura sí absolutamente masivizada, o bien las dime-novels en el caso norteamericano. En estas versiones, por ejemplo, existen ediciones de El castillo de Otranto, y que cuentan con 30 paginas. También a través de versiones teatrales, por ejemplo, Frankenstein fue llevado al teatro en 1819, un año después de que Mary Shelley lo publicara. Ahora bien, el gótico no es simplemente un género popular sino masivo en la Inglaterra del siglo XIX, era consumido por todo el mundo.
P.–Y en el caso de Lovecraft, ¿era un autor masivo o más bien no lo era?
C. A.–Lovecraft es un autor que está en la línea del gran fantástico anglosajón; está en la línea de Poe, Arthur Machen y Lord Dunnsany. Y está también en la línea del gótico; vos conocerás ese librito de Lovecraft El horror sobrenatural en la literatura; allí Lovecraft hace un rapaso bastante informado de lo que sería la novela gótica, recorre a Walpole, a Shelley, menciona que cosas le interesan de cada autor, un repaso bastante interesante. Lovecraft despreciaba un tanto a lo que serían los Cuadernillos Macabros, por el hecho de que a menudo ponían más énfasis en la truculencia, en el despliegue de sangre, que en cuanto a lo que implicaba la creación de una trama, atmosferas o el efecto del terror; si te ponés a ver, Lovecraft, a pesar de su profusión de adjetivos era un autor medido, no abundaba innecesariamente en asesinatos; ahora bien, en cuanto a la masividad de Lovecraft, él publicaba donde podía, no era un autor conocido, comenzó publicando en la Amateur Press, un grupo de amigos que había en Estados Unidos, que publicaban con imprentas caseras, en forma mimeografiada tanto libros como textos. Lo primero que escribió Lovecraft fueron artículos científicos sobre física, astronomía, etc., en ese sello. Antes había buscado publicar en revistas pulp, como la The Argosy. Lo único que Lovecraft llegó a ver publicado en vida en forma de libro es La sombra sobre Innsmouth, que tuvo una edición de 150 ejemplares en 1936, un año antes de que Lovecraft muriera. En realidad, fueron tan populares la novela gótica como así también la obra de Lovecraft; la novela gótica en forma de estos folletos o cuadernillos masivos, y Lovecraft en las revistas pulp.
P.–¿Y en la literatura hispánica qué sucede con todo esto? En tu libro hacés una digresión acerca de las barreras de la crítica en el caso particular de España y te dedicás a dos autores catalanes, Juan Benet y Juan Perucho.
C. A.–Es cierto, en el caso español encontramos un velo sobre el género fantástico que en el caso del fantástico anglosajón no podía darse debido a su importancia y difusión. En el caso español es muy fuerte la reacción decimonónica contra el fantástico. Hay un par de artículos de gente que se ha dedicado al hecho de la construcción por parte de Menéndez Pidal, es decir, cierta crítica con pretensiones de hacer una literatura “culta”; uno de ellos es Ricardo Gullón. Pero siempre ha existido el fantástico popular en España, ya sea desde La galería fúnebre de Espectros y Sombras ensangrentadas de 1831, que es una obra que se reeditó en 1975 y constituye una obra crucial, y luego tenemos a Villaruel, que en pleno siglo XVIII escribe utopías, viajes imaginarios. Hay una gran tradición fantástica pero críticos como Pelayo o Pidal, desde su sitio como críticos canónicos lo que hicieron fue postular que lo español, lo auténtico hispánico era el realismo, es decir, en su propia obra crítica dejaron bastante de lado a estos textos. Si se tiene en cuenta que en 1884 se hizo en España un concurso de utopías y que fueron presentados 63 textos, de las cuales fueron publicadas 5; si uno se pone a leer periódicos españoles del siglo XIX hay muchísimos textos fantásticos. Uno que no pudo ser borrado fue Bécker, al que disfrazaron como autor del género maravilloso, y en realidad, es un autor del fantástico con situaciones problematizadas del fantástico y los hechos sobrenaturales, bastante influida por Poe –puntualmente hay trabajos que se han ocupado de la influencia de Poe en Bécker– pero en realidad se trata de algo actuante en la literatura española, pero siempre ha habido literatura fantástica en España e incluso de ciencia ficción, por ejemplo el libro de Emile de Subestre El año 3000 tuvo siete traducciones españolas en el siglo XIX, de las cuales una es una adaptación al teatro con el título Madrid en el año 3000.
P.–Noté que en este nuevo libro, hay una profusión de la crítica, con autores tal como Steimberg, Gullón, hay una autor mujer, Maggie Kilgour.
C. A.–Así es, autora de The rise of the gothic novel.
P.–También Jauss, Eco, Alberto Giordano. Y me preguntaba, respecto de la continuidad con el libro anterior Borges y la ciencia ficción, que es un estudio filológico exhaustivo en torno de las fuentes borgeanas en el ámbito de la ciencia ficción. Mi pregunta apunta a considerar tanto para aquel, como para este –que incluye ensayos sobre otros aspectos de la obra de Borges– en cuanto a cuál momento de la crítica actual del legado borgeano podrían inscribirse estos ensayos.
C. A.–¿En cuanto a la crítica general que ha tenido Borges?
P.–Pienso en el sedimentado inscripto por Contorno, luego la nueva crítica, la banalización del cannon en los ’80, la revuelta de los ’90 sobre los autores, y ahora pienso en la actualidad.
C. A.–Sin embargo ambos estudios son distintos. El trabajo sobre “La muerte y la brújula” centra su atención en el plano estructural de la obra, en ese sentido podríamos hablar de un estructuralismo, después el ensayo donde trabajo sobre el tópico de la biblioteca en Julio Verne, Lovecraft y Borges, bueno, a finales de los ochenta y durante los años noventa ha comenzado a darse más atención al tema de los géneros; en cuanto al tercer ensayo sobre la estética de Borges, yo pienso que desde Las palabras y las cosas de Foucault, donde hay una mención al tema de la enciclopedia china –que aparece en “El Idioma analítico de John Wilkins” de Borges– a partir de ahí hay un interés progresivo en ver por el sentido en que la obra de Borges contiene prefiguraciones de ciertas nociones y ciertos planteos desarrollados por la estética o la filosofía contemporánea; el tema de la intertextualidad, que fue algo desarrollado por Bajtin y que Julia Kristeva introduce en la escuela francesa de crítica, y ver en que modo aparecen estas nociones en la ficción de Borges, como motores filosóficos que hay detrás de cada texto de Borges. El fenómeno descripto por él en “Los precursores de Kafka” y que en textos como “Guayaquil” en el que lo que aparece es una relectura schopenhaueriana de un suceso histórico anterior a ambos momentos. Pero todo, en definitiva, se trata de perspectivas individuales, por supuesto.

Teatro Itinerante 2007

Chau Misterix



Desde hace seis años se realiza en Buenos Aires el festival de Teatro Itinerante que va por los barrios llevando la propuesta cultural desde el Centro de la Ciudad hacia la periferia. El Festival de algún modo da lugar a los egresados y estudiantes de las escuelas y conservatorios de Arte Dramático para que se muestren, además de generar una vidriera de políticas públicas para la promoción cultural. Tatiana Santana, egresada de la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático), dirige Chau Misterix, Proyecto Finalista de la EMAD y obra del dramaturgo Mauricio Kartun.
Este dramaturgo contemporáneo, creador de La Madonnita y recordado por su versión de Sacco y Vanzetti, a través de sus comedias y en esta en particular, busca señalar el distanciamiento con el que los seres humanos vuelven menos desgarrador el develamiento del destino, de lo inevitable y las imposiciones grotescas de la naturaleza, o bien de lo inobjetable que desequilibra un mundo estático y somnolientamente dulce –como el mundo de la infancia– interrumpido por absolutismos y mandatos. En Chau Misterix, el paradigma de la niñez es refutado, una vez más y contra toda prueba lógica, por las mutaciones que acusa el mundo adulto en la mente de sus protagonistas; Raúl, un menor impúber, opone a ese desencantamiento el juego del fabulador, como un sonámbulo que rehuye de la realidad, aunque ésta, finalmente, termine llevándole hasta sus trofeos más resguardados.
La obra dirigida por Tatiana Santana, circula entre dos perspectivas o formas de resolver el tachón que la verdad del crecimiento terminará operando sobre el sujeto de la niñez; por un lado, todo se transforma y formaliza en el lenguaje decodificado de las historietas (objeto concedido por los adultos a los fetiches de la inocencia), donde los villanos son villanos y reciben su merecido y los buenos logran realzar su probidad moral y hacerse con la recompensa; Eugenio Erretegui, disfrazado del héroe Misterix, trasvierte ese lugar y administra cautelosamente la desazón que sus semejantes le presentan en los juegos cotidianos: la profesora particular, un eclipse de sol que los cautiva, el hijo del escribano Améndola; pero, más doloroso e íntimo, todo el pathos de la obra de Kartun viene de golpe y no alcanza su eficacia si no es a través de la caída, la desilusión en contramarcha cayendo sobre el cuerpo del actor.

P–. ¿Cómo entran los autores nuevos al EAD?
Tatiana Santana: Bueno, en este caso no se trata de un autor nuevo, sino de Kartun que es de los nuevos un poco el maestro. Yo creo que en realidad, en la forma en que se trabaja durante la formación al principio son un poco los profesores los que presentan materiales aunque ya hacia el final uno puede trabajar con lo que se le canta. Los autores nuevos vienen de ir a verlos en realidad, porque hay cosas más complicadas pero son difíciles de conseguir. Es una cuestión de ir al teatro, y es una lástima que no haya tantos autores nuevos, hay más extranjeros, sí argentinos pero no tan contemporáneos. De Chau Misterix se hicieron varias puestas.
P– ¿Esta obra de qué año es?
T. S.: Esta obra es del 80.
P– ¿Y por qué elegir precisamente esta obra?
T. S.: Lo primero que pensé fue la cantidad de personajes, o sea buscaba obras que tuvieran como mucho cuatro roles. Esta obra la había visto cuando tenía 14 y la vi como diez veces, me había encantado, me quedó resonando siempre, y sabía que en algún momento la tenía que hacer; me pareció como un buen cierre de carrera además de gustarme mucho en particular dentro de la teatralidad argentina. En general, todas la obras que hice fueron de autores argentinos, me gusta mucho el teatro popular, me gusta la onda de llevar el teatro a los clubes, los barrios.
Justamente Tatiana disfruta las referencias a los cargos directivos que mencionan los personajes de la obra y las relaciones que encuentran los aludidos de carne y hueso que siguen la acción desde la cabina
T. S.: Los gerentes, que estaban al lado mío, hacían comentarios y cada vez que se hablaba del secretario por ejemplo, hacían asociaciones con tal o cual.
P– Por estos días se estuvo hablando del teatro realista en contraposición a una versión más experimental del material escénico. ¿Tuviste oportunidad de incursionar en estos últimos tipos de dramaturgia?
T. S.: No. Por ahora no me interesa. Por ahora me gusta trabajar con los textos y experimentar sí pero en cuanto a cómo abordarlos. La parte de la musicalización de la obra, por ejemplo, que no viene en el guión es algo que me encanta, el trabajo con las otras disciplinas para lograr la escenografía, la música o la actuación misma, es algo que me gusta mucho. Me parece el trabajo más interesante de la dirección, el trabajo grupal y cómo te complementa el otro, las complementaciones que se dan con los otros y de lo que uno no sabe, por ejemplo en la plástica, de la que yo no se nada; cuando me comunico con un escenógrafo me gusta, el intercambio, los distintos códigos, que siguen apuntando al mismo lado, que no es el código teatral, pero que cada uno ve desde su lado. Me parece interesante ese intercambio.


P– ¿Cómo se hallan con las puestas en escena de autores nuevos o contemporáneos, como es el caso de Mauricio Kartum?
Johanna Rua– Hay algo muy lindo: por momentos decimos cosas que nos son muy cercanas, no cronológicamente, porque se hablan de cuestiones que son de otra época como en este caso la década del ’60, pero la forma de hablar se nos vuelve más próxima, a mi lo que me gusta es eso, se te hace más fácil adueñarte del texto, costumbres o cosas que podemos vivir igualmente o que ya vivimos, tiene ese encanto.
P– Esta vez noté que tuvieron música en el escenario, ¿cómo se hallan en el trabajo interdisciplinario?
Rosario Albornoz– No, pero siempre está, a veces no se ve el piano; pero es cierto que hoy era más visible esa presencia técnica, pero en general son recursos que se van incorporando.
P– También veo que Uds. durante la obra se encargan de montar el escenario, como si el trabajo actoral incluyera el de los técnicos. ¿Se puede hablar de cierta intención experimental?
J. R.– Para mi no es ni estrictamente clásico ni estrictamente experimental.
R. A.– Tiene un poco de experimental, pero se maneja con la técnica que te van enseñando y hay cosas que uno tiene que ir aprendiendo sobre la marcha, tiene un poco de todo.
P. – ¿Y cuánto tiempo les tomó preparar el texto?
R. A.– ¿El trabajo previo? De cuatro a seis meses para esta versión.

La visión de la niñez y sus estigmas, en una puesta adecuada y, podría decirse, en el mejor de los mundos posibles que el tema podría haberle planteado a una historia que recién comienza.


FICHA TECNICA

Chau Misterix (de Mauricio Kartun)
con: Eugenio Erretegui, Rosario Albornoz, Pedro Merlo y Johanna Rua. Arreglos: Ezequiel Dalairac; Vestuario: Julia Rebottaro; Asistentes: Francisca Ure, ….. Rodríguez; Dirección: Tatiana Santana.