Un autor genial para un gran mito

SE VIO LA SEGUNDA VERSION DE "EVA PERON" DE COPI EN EL FESTIVAL VILLERS DE FRANCE QUE TERMINA MAÑANA

Ficha técnica:


"Eva Perón" de Copi. Dirección: Marcial Di Fonzo Bo, con la colaboración de Bruno Gesin. Iluminación: Maryse Gautier. Vestuario: Laure Mahéo. Música: Hugues Lebars, Shostakovich, Grace Chang, Astor Piazzolla, Péres Prado. Actores: Marcial Di Fonzo Bo, Pierre Maillet, Elise Vigier, Jean Jacques Le Vessier y Rodolfo de Souza. En La Salle de Efets et beneficience Italiaine, Cullón 23, Villers. 21 hs.

Una tragicomedia delirante, farsesca y política a la vez, en la que se rescatan por mo­mentos el lenguaje del comic y la paro­dia y reinvindica el mito de Eva Perón y la vigen­cia de un artista como Copi, es la que mostró Marcial Di Fonzo Bo, con el estreno de esta pieza, que guarda una acertada fidelidad al espíritu creativo de su autor. Días antes se había visto la ver­sión de la misma obra, por el elenco argentino que dirigió Gabo Correa.
Escrita por Copi en 1969, fue estrenada en París, al año siguiente por el grupo TSE, que dirigía Alfredo Arias, con el papel protagónico en aquel momento a cargo de Facundo Bo, tío de Marcial Di Fonzo.

Escrita originalmente en francés, la versión que se vió ahora en la Argentina, tiene tex­tos en ese idioma con substitulados y algunos párrafos en castellano, dichos por la ma­dre de Eva Perón y por el personaje que hace del ex presidente de los argentinos.

VODEVIL PERONISTA


"Eva Perón", la pieza, en la magnífica versión de Di Fonzo Bo es como un gran vodevil, con algo de burlesque grotesco y sainetero, en el que se cuenta la intimidad en los últi­mos minutos de la vida de la ex primera dama de los argentinos.
Di Fonzo eligió un montaje escénico de cuadros que se juegan en distintos planos, con cortinas que se corren y descorren para dar paso a las diferentes escenas. Eso le dió a su trabajo un claro acercamiento a los "cuadritos" del comic (Copi fue dibujante e historie­tista durante muchos años en Le Novel Observateur, en el que dio a conocer "La mujer sentada"), a la vez que le permitió otorgar a su puesta en escena un acertado ritmo dra­mático y de disparate, que reforzó con aciertos el "artificio" contenido en la pieza.
En esta versión de Di Fonzo Bo, hace el travestido papel de Eva, igual que el personaje de la madre (Pierre Maillet) y la enfermera (Elise Vigier), la única mujer del elenco, que hace un topless y lleva una prótesis de genitales masculinos.


UNA DIVA DE LOS 50


En su obra, Copi ubica a Perón (Rodolfo de Souza) como un contemplador mudo, su­mido en sus propias cavilaciones, mientras a su alrededor como "un pesado moscardón" vestida con un traje de amplia pollera blanca y cabellera rubia, al estilo de las divas de Hollywood de los 50, revolotea Eva, a la que acompañan su madre, la enfermera y un hombre llamado Ibiza (Jean Jacques Le Vessier) -modisto y "alcahuete" de la presiden­cia-, insultándose unos a otros y haciendo dibujos obscenos o simplemente discutiendo sobre quién se va a quedar con las joyas y el dinero que Evita tiene depositado, según se dice, en unas cuentas en Suiza.

Casi sobre los últimos tramos de la pieza, un cuadro de Eva Perón ingresa a escena y es apoyado sobre el costado izquierdo de los espectadores.
Esa imagen de la "abanderada de los humildes" con su cara sonriente, vestida con traje sastre y con su cabello rubio ondulado y tirado hacia atrás, pareciera reírse con ganas de la farsa que sobre su vida han montado esa disparatado "troupe" de actores.
Mientras se escucha en off el discurso de Eva, en la voz de Teresa Parodi, cae al escena­rio desde el techo una bandera argentina y es el personaje de Perón el que arenga a la platea, reivindicando a esa Evita eterna, que se lleva en el corazón de aquellos que la amaron y también la odiaron.

El Festival termina mañana con la presentación de Mnouchkine de Les ephemeres, versión que fuera presentada en Buenos Aires, durante el FIBA 2007.

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UN BOTÓN FRANCÉS

Parece un cuento ideado por Alejandro Piscitelli y Víctor Bronstein, uno de esos casos que creaban Dahrendorf y Karl Popper para ilustrar los quiebres de sentido de la mo­dernidad y la sociedad de la información. El mayor fraude de lahistoria financiera fran­cesa se dio a publicidad estos días. Fue algo así.


por Oscar Assent


Primero haría falta hacer un repaso sobre los conocimientos previos necesarios para en­tender los movimientos bursátiles que, un poco a través de la película de Tom Hanks Quisiera ser grande, para ponernos en clima noyorquino, y luego una breve capacita­ción a través de la ‘enseñanza’ de Michael Fox en El secreto de mi éxito –da un poco de vergüenza pero aún recuerdo estas terribles experiencias clase b, muy posiblemente por la andanada impulsada también recientemente desde Hollywood con La leyenda del tesoro perdido, remake de la saga de Indiana Jones– como para comprender un poco la atmósfera que recubre este tipo de noticias.

Un operador de bolsa, milagro de la comodidad especulativa, es un señor que se sienta al borde del salón de operaciones de una bolsa de intercambio de divisas, algo así como un salón de bailes donde lo unico que danza es el dinero. Este señor, munido de un telé­fono, recibe llamados de sus clientes, quienes desde la comodidad del hall ubicado como un super pullman sobre esta pista de baile, monitorea el movimiento de las divi­sas. O peor, es posible que un viejito jubilado también le realice llamados desde el apa­cible living de su rancho ubicado en Ohio, viejito que en vez de estar in situ, observa los movimientos de sus cuentas de bolsa desde la pc en la tranquilidad de su hogar.

El operador, que además de tener un teléfono el cual atiende para tomar pedidos como si se tratara de un delivery de comidas, también cuenta con una pc en la cual registra esos pedidos de compra o venta de títulos o acciones. Por lo general esa pc está conectada con un panel de control, supervisado por las autoridades bursátiles del país en cuestión, en el cual se llevan a cabo los algoritmos sucesivos que una operación desencadena. Esos algoritmos, diseñados, merced del adelanto tecnológico –si la ganancia se comple­jiza, los ladrones también deben hacerlo para ser perdonados por 100– registran como si fuera una Arpac de los negocios, las derivadas necesarias que le permiten al tesoro del país donde esa bolsa se ubica, controlar las probabilidades de movimientos que entre otras cosas impidan que el Banco Central de dicho país, o ciudad o municipio, quiebre por culpa de la ambición desmedida, la cual iría más rápido, si se la dejara en libertad, que cualquier computadora humanamente posible.

Ahora bien. Ese señor que hasta aquí era hipotético, tenía un nombre y apellido tal en la bolsa de París. Se llama Jerôme Kerviel. El joven operador de bolsa, quien sabe si porque se creía dueño de un nuevo poder sensorial o creador de modernísimas tablas de cálculo bursátil, comenzó a crear una –atenti– ‘burbuja’. ¿En qué consistía? Bien, reali­zaba, y ahí su genialidad, que veremos que fue más bien una taradez ingobernable, anticipaba los cálculos que arrojaban los movimientos realizados desde su mesa de ope­raciones. Es decir, si alguien compraba una acción, supongamos, de Molinos (la marca de las galletitas dulces) a 1,80, y luego esa acción subía por esa compra (de acuerdo al cálculo, un compra por mínima que sea hace subir el precio de la acción porque reduce la cantidad de papeles ofertada por dicha empresa), no sólo la gerencia de Molinos impri­mía más acciones para mantener el precio (a veces se busca disminuirlo o aumentarlo para generar ofertas ficticias a la hora de ser necesarias para la gerencia determinadas cantidades de dinero con las cuales se saldan vencimientos de crédito u otros, etc.) sino que también Jerôme comenzaba a ingresar las ventas con el nuevo precio, sostenido en 1,80, más la ganancia que buscaba para su empresa operadora de bolsa, en este caso la Super­vielle Generale. Con dicha ganancia lo que hacía era sostener el precio del Supervielle sin necesidad de que la gerencia emitiera nuevas acciones o corrigiera el precio de acuerdo a los movimientos tanto a favor como en contra de dicha empresa.

Jerôme Kerviel llegó a ganar con este artificio algo así como 1.500 millones de dóla­res para la Supervielle. Pero aquí no termina el asunto. Ni tampoco con el descubri­miento de las prodigiosas cuentas de Jerôme. Movimientos y actitudes como las de Jerôme se dan continuamente en las plazas bursátiles. Muchas veces los accionistas son los que generan estas demostraciones de genialidad por parte de los operadores de bolsa. El asunto siguió hasta tal punto que los cálculos de Kerviel ingresaron, así com una fic­ción, al sistema de la Cámara Nacional de Comercio Francesa.

Fue allí donde se desató lo que Piscitelli y Bronstein llamarían verdaderos sistemas de feedback, por hete aquí que todo el sistema francés, incluso noyorquino y londinense, hasta paulista pudo haber operado cuánto tiempo bajo el régimen de Kerviel, que la ga­nancias de la Supervielle no pudieron desarticularse incluso una vez que el manejo fue descubierto. Los operadores bursátiles estaban obligados a calcular el valor de las ac­ciones de la Supervielle de acuerdo a los presupuestos y proyecciones que Kerviel había especulado para la empresa. De lo contrario, como podría decir RT2 en Star War, el 'no te entiendo, querido' del pobre viejito jubilado de Ohio hubiese desatado una risa que habría hecho perder aún más no sólo a la Supervielle sino a todo el sistema por completo. Fue así que de esos 1500 millones que Jerôme Kerviel había ‘dibujado’, la deuda real del chiste ascendió a 4.900 millones, apenas tres veces lo que hizo quebrar el Wall Street Merchadise Stockhouse de New York en 1930.

Es curioso lo que la tecnología puede hacer incrementar la inteligencia humana, pero también temible si se transforma en un juego inmanejable.


otros materiales:

La vehemencia de Carrió (Perfil)

La vehemencia de Carrió II (Página)

Como sigue lo de la Shell (Clarín)

Otra vuelta de tuerca: intendentes (Página)


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Sí o no a la Shell?

En los '60, el autor uruguayo Eduardo Galeano despotricó, no es ese el verbo pero así lo hizo, sobre la extracción mineral que día a día sufrían los países de Latinoamérica en manos de las multinacionales. Hoy ese disputa ha quedado en el olvido, merced muchas veces del poder de convocatoria que poseen los standartes más que los contenidos.
Hoy, luego de dos años de batalla y para evitar hacer poner al rojo vivo la contienda con los estacioneros, el gobierno mandó el mensaje de que la explotación petrolera dentro de los limites de La Argentina está controlada. Ahora resta la pregunta por los precios de la petrolera anglo-holandesa.

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¿CARLOS KUNKEL =JORGE RODRÍGUEZ ? (te pareció)


por Oscar Assent

El próximo 7 de febrero se cumplirán dos años del episodio de Gral. Las Heras en el que se diera muerte al sargento Jorge Sayago. Actualmente 3 personas cumplen con­dena por el crimen dasatado de los incidentes que protagonizaran agrupaciones piquete­ras horas después de que se informara a la prensa la decisión de dar marcha atrás a una mejora en las condiciones salariales de los empleados petroleros.

Hoy nuevamente vuelve a ser noticia el petróleo. En su editorial del día 18 de enero, el diario Clarín salía al cruce de las circunstancias que la falta de responsabilidad demo­gráfica y urbanística producen en devenir cotidiano de la Ciudad de Buenos Aires. Su excesiva pulcritud no logra más que corroborar una nueva carta blanca al arrasamiento que se viene digitando para los países de estas latitudes.

Pero Carlos Kunkel, subsecretario (suscripto) de la presidencia será encargado de ma­niobrar el terreno conflictivo de las peleas referidas al plano redistributivo de la cuestión petróleo, y quien correrá, además, de nexo entre las secretarías de comercio, el gabinete del ministro de economía y el despacho de la presidenta Cristina de Kirchner.

Por su pertenencia ideológica, Carlos Kunkel dará sus primeros pasos en el gobierno de Cristina Fernández, ejerciendo el arbitrio de la Nación en el proceso que finalizará su etapa de instrucción una vez los miembros de la justicia de Río Gallegos (Provincia de Santra Cruz) retomen sus cargos pasada la feria judicial del mes de enero. Su paso por el despacho del juez Garavano será para impedir que desde la Corte Suprema de Santa Cruz se impulse un resurgimiento de los móviles que han sido impelidos por las agru­paciones piqueteras respecto de la muerte del sargento Sayago, y que podrían apeorar más aún el conflicto establecido entre el gobierno y las ‘sordas’ compañías internacio­nales, extractoras de petróleo de suelo nacional.

Su par administrativo, un cuadro político aunque del ala albertista, Daniel Cameron, ha quedado estos días opacado por los festejos en Inglaterra con motivo de la ‘recupera­ción’ por parte de los ingleses de las islas Malvinas. ¿O el apellido de la Embajadora Emérita de las islas habrá sido una coincidencia solamente?

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Sábado 26 de Octubre de 1996

dedicado a Lautaro

23:30

Después de viajar de Bs. As. a Caracas y allí esperar 4 horas para ver si embarcaba, llegué efectivamente a La Habana a las 21:00 de la noche de aquí (23 hs. de Bs. As.). Pensaba que en lo que me tomó de viaje hasta aquí, tenía cosas para contar: la repulsión con que nos trataban en el avión de Viasa (por aquel entonces empresa aeronáutica ve­nezolana), en el trayecto Bs. As.–Caracas; la particular sensación que me dio el aero­puerto Simón Bolívar, la mala comida de Viasa de Caracas a La Habana. Pero definiti­vamente mi viaje comenzó al llegar a La Habana.

Hice la fila ñeque la que se fijaron en mi visa y allí comenzó la historia. Debía regis­trarme en un hotel. Por supuesto a la vueltita del mostrador había un puesto turístico donde podía reservar. Yo ya había pensado en uno de 2 o 3 estrellas: Villa Miramar, pero qué pasó, ellos me ofrecieron uno más barato.

–¿Cuántas noches vas a reservar?

–Una

–¿Pero cuántos días te quedás?

–8

Me intentaron convencer para más días y algo sospecharon. Me dejaron pasar, y el trabajo de inteligencia siguió en la aduana.

–¿Cuántos días vas a estar?

–8

–¿Y no traes nada más que esto?

Le expliqué que lo que llevaba era suficiente (¡una mochila grande nada más!). No obstante me hizo sacar todo menos la ropa. Cuando vio los casetes de video sudé, y peor cuando vio las cartas personales que me habían dado para entregar a la gente que me hospedaría. Pero pareció no haber problema con eso, inventé una historia con los case­tes y me fui.

Los taxímetros esperaban en la puerta a los pasajeros; y la puerta del auto que me llevó fuera del aeropuerto fue abierta por el que me hizo la reserva del hotel. Viendo el mapa una vez en mi habitación de El Morro, me di cuenta que el que yo quería podía ser el más caro, pero de seguro me lo ahorraba en taxi. Por más capo que uno fuera el taxi tenía tarifa plana de 15 dólares.

Mañana check out en El Morro, y me espera un largo día de caminata, me voy desde El Vedado hasta Centro Habana. A la noche o cuando llegue voy a intentar llamar a Vivian o a Ayesha. Y desde luego voy a llamar a casa como siempre, el primer día pre­feriría estar durmiendo en mi cama.

Domingo 27 de octubre de 1996

12:00

Desayuné en El Morro. Llamé a casa y salí caminando para Vedado. En el camino me encontré con un jinetero (=1 u$s) que me ”acompañó” hasta el hotel Deauville. Allí llamé a lo de Vivian y convine con la madre en que Vivian me pasaría a buscar por el Deauville. Aprovechando el tiempo que tenía me fui hasta el hotel Plaza a mandar las carta que me había dado Terecita. En el camino me encontré con 3 jineteros más. El primero quería venderme habanos y marihuana. El “rasta” me acompañó hasta el museo de la Revolución. Allí me encontré con los otros dos, y que enseguida me rodearon. Uno me ofreció una moneda con la cara del Ché, el otro me ofrecía habanos y mari­huana otra vez.

Recién empezó mi viaje y el sólo hecho de pensar que habrá muchos más jineteros me hace querer volver, no me siento seguro. Espero queVivian me de alguna frase mágica para hacer que desaparezcan. Hasta ahora La Habana parece pero que El Cairo: porque estos hablan mi idioma.

Son las 15:15 y recién acabo de verla a Vivian con su amiga Ayesha. Salieron las dos a buscarme alojamiento, y lo encontrarán en el culo de La Habana, pero en todo caso serán amigos de ella, lo que me da seguridad. Por lo que dijeron queda en Miramar, al este de La Habana.

Quiero bañarme y descansar, además de comer, porque la última comida fue hoy a las 9:00 AM, cuatro tostadas con manteca y 2 café con leche. Es impresionante el calor y la humedad.

Esperándola a Vivian eché a dos jineteros más, el primer parecía ilusionado con el su­puesto bienestar, la buena vida que me daría como turista, hasta que me ofreció una caja de habanos Cruz de no se que, a 13 dólares cada una, para venderlas en la Argentina a 60 mínimo cada una.

Al segundo le dije sólo dos cosas: ya estoy hospedado… sí, en una habitación parti­cular.

También me encontré dos veces con uno de los primeros, el cual se llamaba José o “el rasta” para los amigos. Creo saber como disuadirlos, pero no supero el miedo al atraco:

–decir que estoy hospedado en una habitación particular

–que ya se donde conseguir taxis particulares

–que no pienso comprar habanos

–que no fumo ni tomo droga y menos ron

–y que ya se donde comer barato, 1,5 dólares el plato.

Espero que lo último que escriba en el día sea en una cama en ese barrio de La Habana llamado Miramar.

Hemingway debería tener dinero, porque se que se puede pasar unas buenas vacacio­nes cubanas en La Habana sin que te molesten, pero estoy seguro que encerrado en El Nacional es la única manera de evitar a esos tipos. Era otra época.

23:00

Después de doce horas y media sin comer (uno se mimetiza y peor si se viaja en las condiciones económicas en que yo lo hago), comí. Lo chistoso fue que tuve que hacer cola, y para peor, se me filtraron 2 familias (así se llama a los grupos que ocupan mesas enteras), una de cubanos, y la otra de venezolanas.

Antes me hospedé en aquella casa lejana de La Habana, con gente muy amable, aun­que a la madre de Anabel (la amiga de Vivian) no cambiaba ni por un instante su cara de culo.

El barrió intentó ser alguna vez de gente de dinero, militares. Pero hoy las casas se caen a pedazos, y para mejor, rodeadas de un montón de árboles con las ramas apun­tando hacia las veredas, impidiendo el paso y agregando humedad a los porches.

¡Felicitaciones; concluía mi primer día revolucionario!

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TRES VERSIONES DEL “...decile que no estoy”

Es muy común que alguien prefiera no hacerse presente en momentos en que los nervios, el contexto o la algarabía no son propicios a alguien que no quiera some­terse al mismo rigor de sus responsabilidades, muchas veces ayuda, pero las más, logran marcar cierta forma, stillus, de hacer.


por Ezequiel Brantano

I

La primera impresión que arroja el ingreso de Martín Lousteau a la cartera de Econo­mía no contradice las expectativas que habían marcado desde estas páginas dicha candi­datura, que marcamos en otras circunstancias allá por mayo del 2007, cuando junto con su alma mater, González Fraga, lanzaban juntos Sin atajos (Grupo Unidos del Sur, 2005), verdadera declaración de principios en cuanto a las direcciones económicas que la Argentina debía tomar posteriormente a la salida del jefe de Ecolatina, Roberto La­vagna.

Era de esperar que, por un lado, los cuadros académicos, con cierta experiencia en la función pública (Bancos Ciudad, Nación y Banco Central) se vean menos visitados cuando alcanzan cierta posición en el manejo burocrático de las políticas económicas. Es verdaderamente maravilloso (¡!) cuando un cuadro administrativo cuenta con profe­sionales letrados en su cartera a un valor mucho más ajustado, distinto de lo que un par­ticular debería significarle contratar un letrado para llevar sus problemas particulares.

En estos días ha llegado la respuesta que obtuvo la cartera de Martín Lousteau a las reiteradas llamadas que ha recibido el despacho del anterior presidente del Banco Río, hoy propiedad de un holding, Enrique Cristofani. A él van siendo dirigidas las deman­das en respuesta al vacío de información respecto de las causas por el corralito. Es de esperar que Cristofani responda por estos días a la insinuación que le envía el hoy en­golado Martín Lousteau.

II

Por más maravilloso, me reitero, que pueda significar disponer de un letrado que agi­lice las cuestiones de amparos que, en última instancia, resolverá la justicia soberana, existe una segunda forma de borrarse del mapa. La conocimos en el actual formato (en decadencia) en los tiempos de Menem, y es el mensaje corporativo.

A nuestro medio llega con el típico acento de pauta publicitaria, pero a diario quien mejor reproduce ese efecto comunicativo son los operadores de bolsa. Un monótono registro de voz y neutro en cuanto al aspecto lingüístico, no hace más que reproducir la maniera en que nuestros explotadores (término demodé pero operativo) nos expropian. Es ese el tono de voz que usa el primer atorrante que atiende el teléfono en las refinerías de la Shell ubicadas en el Dock, partido de Avellaneda.

Lejos de haber cortado el flujo de derivados del petróleo al exterior, dichas compa­ñías, junto con la Exxon, siguen distribuyendo el tan preciado oro negro hacia destinos foráneos.

Ante el más mínimo pedido de explicaciones, allí viene el tan afamado non parlo di que el verano pasada hiciera furor en las playas bonaerenses.

III

El estilo transnacional. Luego del “¿por qué no te callas?” monárquico, sobre el presi­dente venezolano Chávez, se dejó ver cierta vía libre a las pasteras ENCE y BOTNIA. La primera de ellas será erigida entre las localidades de Colonia y Carmelo, y la se­gunda ya operando en Fray Bentos.

La dinámica de los poderosos, los únicos que se arroban el poder decir ‘no estoy’, hoy quiere que se haya invertido el mecanismo que antes era virtud de los desposeídos (de medio ambiente, de poder, de dignidad). Si antes los pasos fronterizos eran cortados por los asambleístas de las ciudades de Gualeguaychú, Colón y en menor medida, Concor­dia, hoy el flujo de tránsito entre ambos países se ha transformado en una negociación, en la cual Uruguay (Gargano) sólo actúa de mediador y ejecutante de las disposiciones de La Haya y Botnia.

Hoy los pasos fronterizos de Fray Bentos y Colón están siendo intervenidos por las autoridades uruguayas enfavor de vaya a saber que invento por parte de las partes inte­resadas en que allí se produzca pasta de celulosa.

En fin, tres formas de decir ‘no me busquen’, y salir.

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Comienza un nuevo ciclo en la ficción venezolana

Finalmente Chávez pegó el grito en el cielo. El motivo fue adelantado en estas páginas. Su mano derecha le advirtió como habíamos adelantado, que Venezuela y su principal productora Telesur, venían perdiendo terreno en materia televisiva en lo que va del 2002 a esta parte. El auge de la revolución bolivariana hizo que los medios em­presarios se preocuparan por temas como el de la energía (impulsado por Bolivia-Chile-Argentina) y el de la escasez de leche (tema este último que hoy los medios más libera­les toma jocozamente.

Es así que finalmente José Luis Escalona, vicepresidente de CANTV promueve hoy, a partir de los cambios de gabinete suscitados a partir de la derrota del progresismo en Ecuador (las constituyentes finalmente se empantanaron al mejor estilo Pacto de Olivos) y el conflicto difuso del traslado capitalino en Bolivia. Es así que se promueve, desde Telesur, hoy con un discurso reacio a la política de telenovelas, a las que consideran un producto infra en el sistema cultural, reformular las políticas de producción televisivas. “Seguramente los cambios de gabinete que se han realizado no sean suficiente para rever­tir el concepto de Richard Stallman", principal accionario de dicha televisora afirmó en una reciente ronda de prensa el productor general de RCTV, Andrés Izarra.

En otro orden, en el entorno nacional, los cuadros de campaña justicialista han co­menzado a probar la figura de Daniel Scioli para la candidatura máxima del PJ, en vitas a la sucesión de los Kírchner. Para ello han usado, en el mejor sentido posible, al nuevo ministro de deporte de la Pcia. de Buenos Aires, Carlos Salvador Bilardo.


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Miserias de la política

Los despidos de Macri en Capital como una visión "personal" de hacer política y encarar la hegemonía. "Nuevas" formas de hacer lo de siempre.


por Ezequiel Brantano

“Tú debes estar bien atenta, y no hacer el más mínimo ruido”, le decía a su hija Otto Heinrich Frank. Una andanada de malos augurios se esparció estos días entre los que concurren cada día a su lugar de trabajo. El motivo: la asunción de la nueva política argentina. Ya Scioli hizo sentir su artillería en la ciudad de Dardo Rocha y ahora el te­mor se posa sobre la ciudad luz de Argentina.

Se trata de una confrontación entre dos modos de hacer política. Por estos días volví a ver la opera prima de Albertina Carri, Los rubios, en una secuencia de dicho documen­tal que cuenta la búsqueda de respuesta ante la desaparición de los familiares del perso­naje encarado por Analía Couceiro (Albertina en la realidad). En dicho pasaje, los inte­grantes de la producción reunida a pleno, como en un ritual sagrado, en torno a los tex­tos sagrados (en ese caso la respuesta del INCAA ante el pedido de subsidio para finan­ciar la producción de la peli), comentan el desagrado que los cuadros administrativos le propinan al proyecto de la directora. Los argumentos son pedestres, pero lo que encar­nan es atroz.

Es el dilema que se plantea el arte en todas sus perspectivas, allí donde la política se transforma en religión y donde la belleza reclama una autonomía primordial que la fun­damentó desde la primer demostración de maravillas... hasta que llegó el dinero.

Cuando veía ese pasaje de Los rubios recordaba cuando yo recién me iniciaba, tam­bien por aquellos días en que también lo hacía Albertina, sobre la cosmovisión político-económica y pensaba en la Responsabilidad. Así en mayúscula como me enseñaban mis viejos. Albertina y su equipo, entre ellos la misma Analía Couceyro, Marcelo Zanelli y Santiago Giralt y Pablo Wisznia, no estaban haciendo una denuncia, no era ese el tono, es­taba, como primer concepto del arte, la representación, estaba mostrando. Y el autor de estas palabras pensaba. Un demente interpretando un anuncio casi teológico... pero pro­veniente de sus pares. Seguramente la denuncia por la función paterna estuvo en esa decisión de incluir “la lectura del acta”. Pero esta vez, y con el timepo más todavía, esa figura desaparecida ahora era encarnada por un hermano, alguien que esta en condicio­nes etarias de serlo para Albertina (que ya tiene 4, creo) y que le decía ‘no’.

Cómo sería con el tiempo, en que también por razones etarias serán amigos, y luego hijos y después nietos los que renegarán del arte de Albertina, cómo se soportará eso.

Las actuales crisis desatadas por estos nuevos dirigentes, con oscuras intenciones, se­guramente con formas “personales” de hacer política, y más que más, con un buen mo­tivo para seguir corrompiendo la dignidad de los que quedaron atrás en la contienda, ¿es un motivo justificado para revivir lo que Otto Frank le dijera a su hija en aquel sótano de Amsterdam? A mi me parece que el silencio sería un chiste de mal gusto.

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